MUCHOS DÍAS FELICES


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Julio Sánchez

El 6 de agosto de 1979 años compré un apreta libros, dos monjes que leían.
Tenía 18 años y ninguna pretensión de poeta; a  los pocos días escribí esto:


Oda al monje que lee


Quisiera ser como él.
Quisiera estar cruzado de piernas todo el día
Sentado sobre una roca pequeña,
Que mis hábitos y sus pliegues cubran mis rodillas hasta el suelo.
Quisiera tener la espalda gacha
Y la mirada enfocada a las páginas de un libro.
Quisiera ser inmortal en esa posición y estar así por siempre.
Que sólo cambien los libros.
Que pasen por mis manos todos los libros del mundo
Para que pueda alcanzar la sabiduría
Para aprender a conocer a los hombres
Para aprender a conocer a Dios.
 
Julio Alberto Sánchez Baroni



Más tarde leía a Jorge Luis Borges:
"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca."


Me acosté en la alfombra del living, respiré profundo y escuché apenas dos palabras, Deo Gratis. Era un motete a 36 voces compuesto por Johannes Ockeghem en el siglo XV. Algo se me enredó en la nervaduras de una nave gótica y bastaron seis minutos de intensidad nunca antes sentida para comprender lo que no podía comprender.


Mucho antes, había escuchado a una chilena que apenas logró terminar su escuela
primaria y cantaba: “Gracias a la vida que me ha dado tanto”.


Julio Sánchez





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