MUCHOS DÍAS FELICES

Despertarme a las 6 hs no era un despertar común en el que disfruto del silencio del amanecer y el de mi mente, ya sentía el fragor de lo que venía. Tome mate, leí las noticias y me fui preparando para salir.


Como siempre voy solo a la plaza, con unos puntos de encuentro pero nada más. Voy a encontrarme con el pueblo, mi pueblo. Yendo a tomar el tren (tengo que caminar 10 cuadras) me cruce con dos familias con varios niños, canastos con comida y banderas Argentinas. Me digo esto sigue el camino de mi despertar, al llegar a la estación de Wilde veo más personas sonrientes y alborotadas esperando el tren que llega en 4 minutos, mientras se me acercan mis amigos los perros ferroviarios, presentan su respeto moviéndome la cola y se echan a mi lado, los envidio secretamente desde niño.


Llega el tren y a su sonido tradicional se le agregan los bombos y los cantos que nos acompañan hasta Constitución, sumándose más gente en cada estación, el estado es creciente y al llegar a destino una columna improvisada canta camino a la plaza, aquí abandono a mi primer columna, hacia el primer punto de encuentro en Lima y Av. Belgrano. Me largo a caminar por la Av. 9 de Julio paralelo a columnas de todos lados que van desenrollando sus sueños hechos bandera.


En el lugar no había nadie, eran las 11Hs y le dije a dos artistas plásticos que estaban ahí que se hacia tarde y no me quería perder la fiesta, de ahí camine por el medio de la Av. 9 de Julio hasta Av de Mayo, aquí parecía que era el acto.


Explotaba de gente y de bombas de estruendo, muchos cantos, muchos bombos y mucha felicidad en las manos de todos. Yo caminaba con los brazos abiertos el corazón latiendo a mil y esa sensación de sentirme niño, de sentirme inocente.


Avance por Av. de Mayo rumbo a la plaza mientras pensaba es la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación y esto es una fiesta...


Son las 11:30hs se hace difícil avanzar al estar solo puedo sumergirme en ese mar humano que me lleva, me cuida, me enseña y me une. Llego hasta el frente del Congreso y me emociono con los chicos y jóvenes que han hecho propio este modelo y lo defienden con alegría, se me llenan los ojos de lágrimas frescas del futuro.


Veo caras conocidas que saludan, abrazos, festejos, hay mucho pedir permiso para pasar y convites de agua para los niños que pareciera que son de todos. Ya lanzado otra vez al mar humano me dirijo sin rumbo a ver y encontrar un buen lugar para escuchar el discurso no pensaba en ir a los pontos de encuentro ya no había puntos solo uno la plaza. Ya habían caído algunas gotas y como dice ese canto popular: “Y llueve, y llueve, y el pueblo no se mueve” y esas gotas no eran tantas para poder mojar tanto Presente Continuo.


No esperaba a nadie estaba cómodo en el lugar que elegí y ahí me quede rodeado de mi. Me doy vuelta y veo a Javier Diment con medio choripan en una mano y uno entero en la otra (peronismo gourmet) y que al vernos fue felicidad máxima, no nos buscamos y nos encontramos, para mejor venia con Emilio Laszlo hacía tiempo que no los veía y esto tiene la plaza, el encuentro.


Mientras trascurría el discurso escuchábamos emocionados, aplaudiendo lo dicho y abucheando al que aparecía en la pantalla con cara de desprecio y soberbia.


Me encontré varias veces con los ojos llenos de lágrimas, con Diment nos mirábamos después de los dichos y nuestra sonrisa y brillo en los ojos delataba que sabíamos que nos hablaba a nosotros... Así hasta el final donde un sinfín de buenas emociones colmaba la plaza.


Ya volviendo a casa bajo la lluvia, la ciudad era un hormiguero que había estallado todas las calles llenas de gente que caminaban en diferentes direcciones, encaminado a Constitución seguía el festejo mas tranqui de aguante!!


En el tren me senté delante de una chica y un chico de 20 años que no paraban de hablar de todo lo que habían vivido y escuchado esa tarde se los sentía vivos con proyectos de estudios, en el vagón siguiente estaban cantando y riendo. Me baje en Wilde y despedí a la columna del sur en un tren lleno de esperanza.



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Ariel Montagnoli



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