MUCHOS DÍAS FELICES


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Juan Martini

El 13 de febrero de este año, 2014, cumplí 70 años. Los días previos fueron penosos: era inevitable pensar que no se trataba de empezar una década más, que gran parte de mi vida ya estaba por detrás y no por delante como me decían cuando era chico, y, a pesar de encontrarme en plena forma, recaí varias veces en la idea de una muerte próxima. La vida, todos lo sabemos, pasa con velocidad de vértigo y cuando queremos acordarnos ya estamos en los últimos tramos…


Bueno, así estaba más o menos desde principios de febrero. Sin embargo, cuando llegó el 13 -que dicho sea de paso es mi número de suerte- me desperté aliviado. No digo que saltando de contento. Digo aliviado. Listo. No había más tiempo para tristezas ni angustias. Ese mediodía fui a almorzar con Lía, mi hija, para celebrar mis 70 años. Fuimos a comer sushi, que a los dos nos encanta. Y charlamos un poco de todo con esa suavidad que ella sabe imprimirle a casi todos los temas cuando es necesario. Hasta que me preguntó como me sentía y yo, en broma, le dije que me quería matar. Entonces Lía me dijo: Papá, yo me quiero matar; ¡acabo de cumplir 30 años! Me hizo reír. Y creo que eso terminó de disolver la tristeza.


Un par de días después mis amigos me agasajaron con un asado en una casa de Parque Chas con un jardín chico pero frondoso. Había sol y circulaba mucho cariño. Brindamos y nos reímos mucho de casi cualquier cosa.


Y para rematarla, otro par de días después fuimos a comer a Hermann con mis alumnos del taller literario. También brindamos, me hicieron regalos y me conmoví. Sentí con todas las letras que había cumplido 70 años pero que los he vivido con intensidad, plenitud y haciendo lo que quería. En una vida siempre hay errores, pero a mí el balance no me dio negativo. Y me sentí feliz.





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