MUCHOS DÍAS FELICES


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Marcel Plá

Las raíces de la hiedra fueron pegándose con fuerza al muro, y se adentraron en la argamasa hasta abrir esas grietas que dejan entrever el manglar que prospera del otro lado.


Con los años las lluvias han ido ennegreciendo el borde superior que ahora ofrece ese aspecto mohoso. Cuando el vigor de las raíces termine de ensanchar las grietas, el ingreso de las alimañas será imparable.


Junto a la ventana está ella, en una mano tiene una taza de té, en la otra una carta y la vista fija en las grietas. Nunca pudo con la naturaleza, ni la propia ni la de los hombres. El sueño de un placer desconocido arrasó con ella y sus escasas posesiones. Ahora sólo espera ver caer ese muro y ya no le quedará nada. Sus sueños fueron borrados por las sucesivas tormentas de días que se alargan en semanas, y estas a su vez en meses infinitos, hasta que los ojos se resignaron a la lluvia.


Entre las matas de hortensias estoy yo dedicado a “desactivar” avispas, que es como llamo al proceso de arrancarles el aguijón con una pinza de depilar que robé del baño.


Detrás de la ventana ella me observa. Percibo la calidez de su mirada y me vuelvo buscando el sol.





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