MUCHOS DÍAS FELICES


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Gaby Messina

Me invitaron a un evento de arte, un té en un salón muy antiguo, bellisimo ubicado en una zona muy paqueta de Buenos Aires.


Había un claro denominador común entre los invitados. Todas eran mujeres adultas de más de 50 años. Ellas fanáticas del arte, de la buena vida, del diálogo incansable por la cultura y por sus espléndidos vestuarios.


Imposible darse cuenta de mi presencia por alrededor de ellas, aunque creo que mi ojos delataban un éxtasis absoluto. Entonces la vi. Una señora muy chiquitita, de avanzada edad, aunque su cuerpo se lo veía muy vital. Le hablé. Le dije que me encantaría hacerle algún día un retrato. Me contó acerca de su vida y me di cuenta que mi ojo no se había equivocado. Qué mujer! Una bailarina tan  apasionada por su profesión, que fue más fuerte que el deseo de formar su propia familia. A la semana fui a su casa para hacer la foto. Le pregunté si se animaba a vestirse con algún traje de bailarina. Volvió de su habitación teñida de rosa. Malla, medias y zapatitos tipo ballet.  La luces y la cámara estaban listas. Y vi en su living, entre medio de tantos otros objetos, una bailarina también vestida de rosa en acción, mostrándome el gran salto con su cuerpo perfectamente en equilibrio.  Hubiera pensado que era mi imaginación que me llevaba a la vida de aquella mujer algunos años atrás. Pero estiré mi mano tomando una pequeña muñeca de porcelana. Y no dudé, también ella iba a ser retratada.  Listo. Sólo faltaban sus flores que bien merecidas eran. Lo demás fue un regalo de Galina, la bailarina. Su manera de sentarse me decía y nos dicen más acerca de su pasión y de su historia. Su cuerpo me hablaba, se dividía en dos. Una parte me mostraba el paso del tiempo, la otra la huella una vez más, de su gran vitalidad.


Ese fue un día feliz.





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