MUCHOS DÍAS FELICES

No sabia que eso iba a pasar. Mis expectativas eran pocas y esa semana de veraneo sólo en La Paloma no era especialmente auspiciosa. Inesperadamente estaba lleno el hostel y me tuve que ir aValizas; hace 25 años un pequeño rancherio con vacas pastando junto al mar , sin agua ni luz. Llegué y se desató una tormenta.


Eramos unos pocos en ese lugar pequeño y sin nada excepto nosotros mismos.
De repente se hizo una comunión y una corriente de simpatía mutua donde la creatividad y el buen humor llenó y colmó ese lugar.


Después de la tormenta salió el sol.


Los días transcurrían entre bromas, bañarse con agua de pozo en un balde calentado y colgado como duchero. Las noches, entre velas y faroles, eran para comer un asado improvisado entre repentinos amigos.



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Sergio Klimberg



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