MUCHOS DÍAS FELICES


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Berenice Blanco

No recuerdo bien si tenía ocho o diez años, por ahí andaba, mi mamá me despertaba, todavía era de noche, me vestía rápido…papá me esta esperando, él ya había tomado unos mates y tenía todo listo.


Luego, el corto viaje en tren y llegar, de noche aún al río, yo tenía frío, eso recuerdo.


Preparábamos la caña, la línea, la carnada, a mi me dejaba la tarea de ensartar la lombriz en el anzuelo con una técnica explicada hasta el cansancio. Tirábamos la línea, yo también, en mi propia caña. Habíamos ensayado esto durante varias mañanas de domingo en el campito de enfrente de mi casa.


Luego … a esperar y de a poco algo maravilloso comenzaba a suceder, se iluminaba el horizonte y reventaba en un globo amarillo-anaranjado-rojo que subía y subía, podía ver el movimiento o eso creo recordar. Eso era la felicidad ahí con mi papá, el y yo solos.


Pasábamos allí todo el día y respondiendo al movimiento del sol cuando comenzaba a caer, papá me daba la mano y regresábamos.


 





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