MUCHOS DÍAS FELICES

Hace cuanto de mi vida, esto no sé: pero en mi niñez fue el instante en que un
vecino, uno de esos inmigrantes polacos, subido a su carro me invita a
conducir el mismo hacia los galpones, el tomar las riendas, el crujir del cuero,
el sudor de los caballos, ese aroma especial y el rodar de las ruedas sobre el
pasto fue uno de los días más felices de mi infamcia,
Siempre me asomaba a su patio al verlo llegar de sus labores en el campo, nunca me
animé a pedirle, pero se ve que notaba mis deseos...



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Miguel Ferreira



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