MUCHOS DÍAS FELICES

Lo asombroso de contarte un día feliz es que mientras sucedía posiblemente no supiste que aquello era felizmente posible. La futilidad que le aplicaste a momentos, días que en el recuerdo tratás de asir, como al agua.


Hoy la evocación del éxtasis.


 


Mirabas al cielo, un Fío Fío.


Te abrías paso en un sendero, llegar a la orilla. Los pies marcaban lo que el último paso, lejano, había dejado. Un sendero puede desaparecer.


“Avanzar entre signos de exclamación”, un ramito de flores en la mano, yuyos frescos y llenos de semillas  te rozan los brazos de exploradora. Amancay.


Del otro lado del cristal del agua un perro te mira. Te deja.


Salías al sol a terminar de peinarte para estar sola con el río. Descenso a la piedra redonda. Se queja el Martín pescador, se asusta. Otro tiempo, esa mañana pertenecía a otro orden terrenal. Celestiales las lengas ensombrecían la orilla, cuchicheaban sobre esta intrusa. Se soltaba febrero, radiante.


Retentiva. La foto te muestra en el efecto dificultoso de la toma sol de frente. El cielo.


“Haber nacido agua”. Al otro lado. Zigzagueabas por el agua fresca, un pie, una piedra, un pie, en el salto, la zancada que busca para no caer. Corriente blanca en el descenso: arriba la cordillera, abajo el mar. Una medida de tiempo, el deshielo.


Sí, vos también la habías visto. Allá va, una trucha punteada.


Saudade. No extrañás a ninguna como a la casa del Río Hermoso.


La nochecita se enciende en el farol sobre la mesa para una partida de naipes. Restos de luz. Ahora estás en el sueño. Vivís en esta casa, en el río y esperás las nevadas. Deberías hacerte construir un puente que te acerque a la orilla de árboles blancos. Seguramente tendrías también dos perros. Todo se vuelve blanco, soñar tanto, dormir así, complicidad con el dios del sueño, silencioso, que vive conmigo, acá, en la casa del Río Hermoso.


Unas flores recién llegadas del bosque.


Andan estrellas, susurros en el bosque. Una puerta que nadie abre en la noche. La casa en la luz de la lámpara escucha a los árboles arrullar a los pájaros. Un zorro.


Evocación. Te traes la dicha a esta mesa de trabajo. Temporada gozosa, todo en el recuerdo me devuelve la felicidad aquella.


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 



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Alicia Vandamme



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